En el día de ayer nuestro Socio Toni participó como ponente en el Evento de Derecho Deportivo organizado por la Secretaría del Deporte de Ecuador, moderado por Cristián Mir y junto a compañeros de la talla de Juan de Dios Crespo, Ricardo de Buen y Juan Manuel López.
El Evento se centró en los aspectos clave a tener en cuenta a la hora de negociar los contratos de trabajo de los futbolistas, en el arbitraje deportivo y en asuntos disciplinarios en el deporte.
¡Muchas gracias a la Secretaría del Deporte de Ecuador por contar con nosotros!
El Transitor de Onda Cero ha querido aclarar a sus oyentes la situación del FC Barcelona y Messi de la mano de nuestro Socio Toni, que ha analizado las distintas opciones con las que cuentan tanto el club catalán como el astro argentino.
Puedes escuchar la entrevista en el siguiente enlace.
El pasado jueves La Sexta Noticias entrevistó a Toni para analizar el caso Messi y las posibles vías que tienen tanto el FC Barcelona como el astro argentino.
Puedes escuchar la entrevista a partir del minuto 35:50 aquí.
En un mundo paralelo, en el que las decisiones no se toman de forma
unilateral, en caliente y con la ley en la mano, sino hablando con el otro con
respeto y desde el corazón, esto es lo que podría haber pasado en el caso Messi:
Messi habría ido a las oficinas del club a hablar con el Presidente
Bartomeu en persona, y ésta habría sido la conversación:
Messi (M): “Presi, he estado pensando mucho estos días sobre cómo
hemos terminado la temporada, y creo sinceramente que lo mejor para todas las
partes es que me marche. Créeme que no es una decisión tomada en caliente por
la derrota del otro día con el Bayern, sino que hace ya mucho tiempo que vengo
dándole vueltas.
Ya sabes que en los últimos tiempos no me encontraba cómodo con determinadas
circunstancias que rodean al Club, y lo del otro día fue la puntilla. Honestamente,
creo que mi etapa en el Barça ha terminado, y no me veo con fuerzas de sacar
este equipo adelante.
Coincido con lo que dijo Piqué en el campo nada más acabar el
partido: ahora mismo soy más un estorbo que una solución. Es evidente que en
los últimos años yo tampoco he estado a la altura que se espera de mí, no he sido
capaz de revertir la situación y que el Barça brille en Europa, que es donde se
merece estar este Club, y lo mejor es que dé un paso al lado para que el Club
pueda seguir creciendo sin mi”
Bartomeu (B): “Pero como te vas a ir Leo!! Tú eres el gran capitán
de este equipo, tú nunca eres un problema, sino una solución!
Entiendo cómo te sientes, porque yo también estoy muy decepcionado
con la situación actual, pero créeme que estamos trabajando en crear un nuevo
equipo para que esto no vuelva a ocurrir. Nosotros queremos que acabes tu
carrera profesional con nosotros, Leo. Ésta es tu casa, no vas a estar mejor en
ningún otro sitio que aquí”.
M: “Presi, ya sabes que mi deseo siempre ha sido el de retirarme aquí,
pero la vida cambia, créeme que para mí no es una decisión fácil. Y de verdad,
no es una cuestión ni de directiva, ni de que armemos un nuevo equipo o que
traigamos a un nuevo entrenador. Es que yo ya no me veo con fuerzas de seguir
en el equipo, y necesito cambiar de aires.
Yo amo a este Club por encima de todas las cosas, le debo todo lo
que soy, y aunque sea difícil de entender, quedándome le haría más mal que
bien, y lo último que quiero es perjudicar al Club. Es la decisión que nunca
hubiera querido tomar, y estoy tremendamente triste por ello, pero si soy
honesto conmigo mismo y, sobre todo, con el Club, es la que debo tomar”.
B: “Joder Messi, no te puedes ir, y menos ahora con la derrota del
Bayern y la gente cabreadísima, si dejo que te marches la afición me va a
matar. Además, como sabes tu contrato decía que si querías marcharte tenías que
decírnoslo antes del 10 de junio y estamos a veintipico de agosto. ¿Cómo le
vendo yo esto a la directiva o al soci?”
M: “Presi, no quiero entrar a discutir si la cláusula dice esto o lo
otro, y mucho menos acabar en una guerra absurda de abogados que a nada nos va
a llevar, más que a problemas y disgustos.
Esto va de personas, de nosotros, y yo apelo a tu palabra. Me diste
tu palabra de que yo podría irme cuando quisiera, como hiciste con Xavi o
Iniesta, y eso es lo que te pido, ni más ni menos.
Para mí no es importante si te lo tenía que haber dicho hace dos
meses o te lo digo ahora, eso no cambia nada. Lo que importa es lo que los dos
acordamos, y yo lo que te pido es que me ayudes a salir como me prometiste, porque
es mi decisión, y además es una decisión irrevocable.
No quiero abrir una guerra, de verdad, quiero que terminemos bien. Me
quedan pocos años de carrera, y quiero poder terminarla en un sitio en el que yo
y mi familia seamos felices, creo que me he ganado ese derecho.
Uno nunca sabe las vueltas que da la vida, pero una cosa sí tengo
clara, y es que volveré a Barcelona, porque mi vida está aquí, y quiero estar
vinculado siempre a este Club. Pero ahora ha llegado el momento de separar
momentáneamente nuestro camino. No es un adiós, es un hasta luego”.
B: “Entiendo tu postura Leo, pero entiende tú la mía. No puedo
dejarte salir, a 20 días de que empiece la competición, con todo el jaleo que
tenemos encima. Nos haces un roto enorme, deportiva y económicamente, y todo en
el peor momento posible”
M: “Entiendo perfectamente tu situación, Presi, y lo difícil que es esto
para ti y para el Club. Pero si tú me ayudas yo te ayudaré, es lo menos que
puedo hacer por ti.
No vamos a esconder que hemos tenido nuestras diferencias por cómo
se han hecho las cosas en el pasado, pero sé que eres un hombre de palabra y
una buena persona, y yo no voy a hacer nada para perjudicarte a ti tampoco.
Vamos a hacer una cosa: si te parece bien convocamos para esta tarde
una rueda de prensa los dos juntos en la que yo explicaré públicamente los
motivos de mi decisión, y agradeceré públicamente todo lo que habéis hecho por
mí, especialmente tú al dejarme salir y cumplir con mi deseo”.
Esa misma tarde habría tenido lugar la rueda de prensa. Messi habría
explicado a toda la afición que se marchaba por motivos estrictamente
personales y pensando en el bien del club. Bartomeu, por su parte, comunicaría
el nuevo acuerdo para que Messi fuera embajador del Barça de por vida, y
anunciaría un homenaje en toda regla en el Camp Nou cuando se permita que haya
público en las gradas. Y todos felices y comiendo perdices.
Esto es sólo un escenario hipotético, podrían haberse dado otros muchos,
como que Bartomeu hubiera accedido a dejarle salir, pero con la condición de
que trajese una oferta de otro club, como hizo el Real Madrid con Cristiano,
para al menos ingresar un dinero que le ayudase a cuadrar las cuentas.
Con este ejercicio de ficción pretendo hacer ver cómo Messi podría
haber obtenido lo que deseaba de haber seguido otra estrategia distinta, y así haberse
ahorrado las situaciones desagradables que estamos viviendo estos días. Y
también como lección para los que tenemos el deber de asesorar a nuestros
clientes.
Los abogados pecamos muchas veces de, a la mínima discrepancia, ir deprisa
y corriendo al contrato, a ver qué dice, a buscar ese clavo ardiendo al que
acogernos, y ya estamos preparando el juicio y la propuesta de honorarios antes
de que ni tan siquiera hayan empezado las hostilidades.
Y muchas veces la solución no está en las cláusulas del contrato, sino en
las personas. Porque antes que abogados y clientes somos personas, y tan
importante es tener inteligencia jurídica como inteligencia emocional, y
aquí ambas han brillado por su ausencia.
A mi juicio Messi se ha equivocado en su estrategia al enviar el
burofax, por tres razones:
Primero, porque un burofax no es una manera de acabar una relación de 20 años donde ambas partes se lo han dado todo. Y la primera reacción que vas a provocar en quien lo recibe va a ser necesariamente negativa: incredulidad, enfado, decepción, etc., y de ahí nada bueno puede salir;
Segundo, porque si bien hay argumentos para defender la resolución del contrato (como ya explicamos aquí), los mismos son ciertamente discutibles;
Y tercero, porque con ese burofax Messi arrinconó al Club, y más concretamente a su Presidente (que no quiere pasar por ser el presidente bajo cuyo mandato se fue el mejor jugador de su historia), y cuando tú acorralas a un león herido, como es el Barça en estos momentos, sólo tiene una salida: morir matando.
Y aquí hay otra lección que podemos extraer de toda esta historia: en
toda negociación siempre, siempre, siempre tienes que dejarle una salida a la
otra parte, hacerle ver que él también va a salir ganando, que va a haber un
win-win para los dos.
Y con su burofax Messi no le dejó alternativa posible al Club, sino que
fue un “trágala” en toda regla. Un órdago que, con toda razón y dejando de lado
la interpretación a dar a la famosa cláusula, el Barça no podía aceptar, pues
cualquier institución está por encima de las personas, por muy Messi que seas.
Por eso, la respuesta intransigente que ahora mantiene el Barça, en el
sentido de que o paga la cláusula o no sale, entra dentro de la lógica, pero mi
impresión es que está tomada desde el mismo calentón irracional con el que
Messi envió el burofax (como defensa al ataque sufrido y el dolor/despecho por
las formas empleadas por el jugador), más que desde la reflexión serena.
Messi se equivocó enviando ese burofax, sí, pero el Barça no debería
cometer ahora el mismo error. Todos fallamos, todos somos humanos. Lo
importante y lo inteligente es reconocer que te has equivocado, pedir
disculpas, intentar enmendar el error y, si no lo puedes solucionar, asumir la
responsabilidad de tus actos y aprender de él.
Pero insistir en el error (por ejemplo, negándote ahora a ir a
los entrenos o no abriéndote a negociar una transferencia por debajo de la
cláusula) demuestra ignorancia y soberbia, y sólo te puede llevar a un
camino: el fracaso.
Messi está a tiempo de revertir la situación, debe salir públicamente a
dar explicaciones y a pedir disculpas no sólo al Barça sino, sobre todo, a su
afición, a quienes les debe absolutamente todo lo que es. Messi no habría
llegado nunca donde está si no fuera por el Barça, no es de recibo que se
comporte así y debe estarle eternamente agradecido.
Y el Barça debe abrir la puerta a una negociación, porque también le
debe a Messi gran parte de lo que es como institución. La mejor época deportiva
del club, los títulos, los patrocinadores, los ingresos y la exposición mundial
de la que goza el club es en gran medida gracias a él, y el Barça debería estar
a la altura de su grandeza y, por encima de todo, honrar la palabra dada al
jugador, como se espera de quien presume ser “Més que un club”.
Para mí esto ya ha dejado de ser una cuestión de leyes y contratos, porque que nadie se engañe, ahí no está la solución. Que todos dejen el orgullo a un lado, se pidan perdón sincero y arreglen esta situación mirándose a los ojos. Ni el Barça, ni Messi ni los aficionados culés se merecen que la más bonita historia de amor futbolístico acabe de esta manera por una decisión mal tomada. En sus manos está.
Como
era de esperar, el burofax enviado por Lionel Messi al FC Barcelona hace unos
días ha generado un revuelo mediático a nivel mundial sin precedentes: no todos
los días uno de los mejores jugadores de la historia de este deporte –probablemente
el mejor– decide poner punto final a una relación que ha durado veinte años y
que, aunque se veía venir, nadie hubiera imaginado que iba acabar así (si es
que finalmente acaba, que todo está por ver).
Dejando
de lado si la famosa cláusula contractual acordada entre Messi y el Barça ha
sido ejercitada en plazo o no –desconozco los términos de dicha cláusula–, a mi
juicio hay un elemento clave en toda esta controversia que no está recibiendo
la atención que se merece: la cláusula de rescisión del astro argentino, fijada
en la friolera de 700 millones de euros y que, en función de cómo se desarrolle
el asunto, podría llegar a impedir la salida del rosarino.
Si bien es cierto que los litigios iniciados como consecuencia de los importes fijados como cláusula de rescisión no son habituales –incluso en los últimos años, en que hemos podido presenciar cómo hay clubes dispuestos a abonar sumas muy elevadas por hacerse con los servicios de determinados jugadores (véase el ejemplo de Neymar en su movimiento del Barça al PSG francés, que dejó en las arcas del club catalán 222 millones de euros)–, no podemos olvidar que en España la mayoría de jugadores profesionales cuentan con cláusulas de rescisión en sus contratos que, aunque están muy lejos de las acordadas con Messi, Benzema (1.000 millones de euros) o Gerard Piqué (500 millones), por poner sólo dos ejemplos, no por ello cumplen con su propósito.
La cláusula de rescisión en España
Como es
conocido por todos, la cláusula de rescisión tiene su razón de ser en el Real
Decreto 1006/1985, de 26 de junio, por el que se regula la relación laboral de
los deportistas profesionales (“RD 1006”) que, en su artículo 13.i, determina
como una de las causas de extinción de la relación laboral la “voluntad del
deportista profesional”.
Por su
parte, el artículo 16.1 establece cuáles
son las consecuencias de la extinción ante tempus del contrato por parte
del deportista: el deber de abonar al club la indemnización acordada (la
cláusula de rescisión) o, en defecto de pacto, la que se determine en sede
judicial.
Como
expone José Carlos Páez Romero, “Es
importante subrayar que en estos casos no estamos ante un supuesto en el que se
condiciona la resolución del contrato al pago de la cuantía fijada en la
cláusula de rescisión, sino que aquélla opera de forma inmediata, recuperando
en ese momento el trabajador-deportista su «libertad». En tal sentido, no se impide al
trabajador-deportista la posibilidad de contratar sus servicios con otra
empresa-club, pero siempre con el condicionante que, en su caso, le sea
reclamado por la empresa-club parte del contrato resuelto el importe de los
daños y perjuicios fijados en el contrato como «contraprestación» por la
decisión libremente tomada”[1].
En
otras palabras, el futbolista profesional tiene el mismo derecho “a la libre
elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo”[2],
así como “a la promoción y formación profesional”[3]
que cualquier otro ciudadano.
No
obstante, y dadas las especiales circunstancias que rodean la relación laboral
de los deportistas profesionales, el RD 1006 configura que ese derecho que
tiene el jugador de extinguir su relación contractual antes de tiempo debe
llevar aparejada la obligación de abonar una indemnización a su último club.
En
ningún momento decimos que la norma aquí analizada sea contraria al derecho
fundamental consagrado en la Constitución, sino que desde hace tiempo los
clubes la están empleando con el único fin de proteger sus propios intereses,
fijando cantidades totalmente abusivas que, en algunos casos, impiden que el
jugador pueda salir del club por su propia voluntad, resultando así en la
práctica en una suerte de derecho de retención encubierto que precisamente fue
lo que el RD 1006 trató de extinguir.
Entonces, ¿por qué se fijan cláusulas de rescisión?
2. Las negociaciones
En aras
a la seguridad jurídica, la gran mayoría de contratos de futbolistas
profesionales en España fijan el importe de la cláusula de rescisión.
En
primer lugar, porque de este modo las partes acuerdan de antemano la cantidad a
abonar por el jugador –o su nuevo club– en el caso de que aquél decida
abandonar la disciplina del club y, en segundo , y más allá de la evidente
demora que supondría acudir a los Tribunales, porque así también evitan la
incertidumbre y el riesgo que supondría dejar la fijación de la indemnización
al arbitrio de un juez de lo social que no tiene por qué estar familiarizado
con el sector a la hora de aplicar los criterios del artículo 16.1[4].
El
principal problema, a mi juicio, es que esta cláusula tiene, como mínimo, la
misma importancia que las condiciones salariales del jugador. Lo que se traduce
en que, por norma general, el club empujará para un lado y el jugador lo hará
en el sentido opuesto, por lo que al final del día es la capacidad negociadora
de cada parte la que acaba delimitando el importe.
Desde
el punto de vista del club, lo habitual es que trate de fijar un importe lo más
alto posible para protegerse frente a posibles futuros interesados en la
contratación del jugador, amparándose en el principio contractual básico de pacta
sunt servanda. De esta forma, y si como es previsible ningún club puede
llegar al precio fijado, el club fuerza al tercero a una negociación en la que
quien lleva las riendas es el propio club del jugador.
Por
otro lado, si lo vemos desde el punto de vista del jugador, lo que claramente
le interesa es fijar una indemnización lo más baja posible para poder atraer a
más clubes y no limitarse a unos pocos que se puedan hacer cargo de las
cantidades que se están pagando hoy en día.
Ahora
bien, la práctica demuestra que, salvo las grandes estrellas de talla mundial,
quien habitualmente lleva las riendas en las negociaciones del contrato laboral
es el club, y no el jugador.
Esto implica que, en la mayoría de casos, el jugador tiene poco que decir, que es el club el que fija la cantidad de la cláusula de rescisión que el jugador debe aceptar si desea firmar el contrato.
3. ¿Derecho a extinguir o derecho de retención?
Si
finalmente las negociaciones con el nuevo club llegan a buen puerto, se acaba
la problemática.
Pero ¿qué
ocurre si no hay acuerdo y el jugador no puede hacer frente a la indemnización
pactada con el club? Como es sabido, tanto a nivel nacional como internacional[5]
se contempla la obligatoriedad para el nuevo club de hacerse cargo de dicha
indemnización, ya sea de forma subsidiaria o solidaria.
¿Y si
el nuevo club tampoco puede hacerse cargo del pago de la cláusula de rescisión?
En estos casos el importe desorbitado fijado en el contrato está impidiendo al jugador
su contratación por un nuevo club, quedando atado en su actual club pese a su
voluntad de salir.
En este
sentido, el nuevo club raramente estará dispuesto a firmar al jugador si ello
conlleva tener que hacer frente a la más que segura reclamación de su anterior
club por la totalidad de la cláusula de rescisión, desvirtuándose así la
finalidad del RD 1006 desde el mismo momento en que el jugador se ve impedido
de extinguir su relación laboral por su propia voluntad.
Como
decimos, no todas las cláusulas de rescisión son como las de las grandes
estrellas, pero ello no quita que igualmente los clubes fijen cantidades
absolutamente desproporcionadas con muchos jugadores –piénsese, por ejemplo, en
las jóvenes promesas– que no responden a criterio alguno más allá del evidente
interés del club en retener al jugador, por lo que al final la extinción del
contrato por voluntad del jugador queda en grave entredicho.
A modo
de conclusión, a mi juicio lo aconsejable sería que los clubes acordaran
cláusulas de rescisión con sus jugadores siempre y en todo caso, aunque
atendiendo a cada caso concreto y, en particular, a sus años de contrato
restante, su salario o su rendimiento e imagen en el mercado. De lo contrario,
la cantidad acordada podría ser considerada abusiva, llevando a su
nulidad en sede judicial y, consecuentemente, a la fijación de la indemnización
por parte del juez, siendo lo que precisamente el club trataba de evitar.
En cualquier caso, centrándonos en el caso Messi y aunque lo aconsejable y más probable es que las partes lleguen a un acuerdo, quién sabe si este sería el punto de inflexión que marcaría un antes y un después en la fijación de las cláusulas de rescisión si el asunto llegara a los Tribunales, cosa que, como decimos, dudamos llegue a producirse.
Xavi Fernández, Abogado
29 de agosto de 2020
[1] “Las cláusulas de
rescisión en el ordenamiento jurídico español”, Revista Aranzadi de Derecho
de Deporte y Entretenimiento (2015), Núm. 49, ISSN 2171-5556.
[3] Artículo 4.2b) del
Real Decreto Legislativo 2/2015, de 23 de octubre, por el que se aprueba el
texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores.
[4] Artículo 16.1 RD
1006: “(…) indemnización que en ausencia de pacto al respecto fijará la
Jurisdicción Laboral en función de las circunstancias de orden deportivo,
perjuicio que se haya causado a la entidad, motivos de ruptura y demás
elementos que el juzgador considere estimable”.
[5] Artículo 17.2 del
Reglamento FIFA sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores: “(…) Si
un jugador profesional debe pagar una indemnización, él mismo y su nuevo club
tienen la obligación conjunta de efectuar el pago. El monto puede estipularse
en el contrato o acordarse entre las partes”.
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